El aspecto central de esta nota es hablar de lo obvio, de aquello que todos vemos traslucir de los hechos de la política cotidiana pero debatimos pocos o entre pocos.
Ya es un hecho verificable que el 2009 será un año importante para la vida institucional de los argentinos, en el sentido que volverá haber en la Argentina una oposición más cohesionada, y con probabilidades de alternancia en el poder mayores a cero.
Pero esta realidad dependerá en gran medida de la forma de construir ese polo opositor, hemos anticipado en notas anteriores que debe centralizarse en una fuerza progresista con un fuerte respeto institucional con base en la unión de la diáspora radical surgida después de la experiencia de la Alianza.
Los consensos programáticos a acordar por los futuros integrantes de esta fuerza política alternativa, deberían contener como mínimo:
a) Apego a las cualidades republicanas de gobierno, es decir, un programa político que profundice nuestra democracia. Cuestiones mínimas como la separación efectiva de los poderes estatales están todavía en la agenda política después de 25 años. Pero también otras cuestiones institucionales como la independencia del banco central, la apertura y transparencia del manejo de los fondos públicos, reforma del sistema electoral que permita el fortalecimiento del sistema de partidos políticos, entre otros, deberían formar parte de la reforma política tantas veces enunciada.
b) Un programa económico con orientación al crecimiento equilibrado de los diferentes sectores industriales y agropecuarios. Para ello es necesario reformular las funciones del Estado como regulador de la actividad económica y financiera.
c) Asignar al Estado las funciones redistributivas de la riqueza generada, mediante políticas directas (p.e.: asignaciones universales que den garantías alimentarías a toda la población), o indirectas por medio de políticas impositivas progresivas, políticas de educación y salud, acceso a la vivienda digna, etcétera.
La experiencia de la Alianza debe poner limites a esta convergencia electoral, tanto por derecha como por izquierda, en donde debemos priorizar la perdida de algún escaño legislativo a la sólida construcción de una estructura política que mantenga criterios homogéneos a la hora de gobernar nuevamente la Argentina, e impedir que seamos funcionales a la interna peronista en ciernes entre el kirchnerismo y los sectores relegados del justicialismo (De Narváez, Duhalde, Macri, Rodríguez Saa, Menem, etc.)
En síntesis, debemos construir un espacio amplio con sectores políticos (UCR, CC, CF, PS), y sociales afines, que nos de la base de un triunfo electoral genuino, con concordancia ideologica y con fuerza para gobernar nuevamente en 2011.
Roberto Ortea
Diciembre de 2008
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